

Sin duda son los insectos, los que mejor pueden hablar del estado de salud de nuestros huertos y es que un huerto sin insectos es como un bosque sin aves o un mar sin peces
Muchas
personas creen que tener un huerto consiste únicamente en plantar una docena
de tomateras, regar una vez a la semana y freir la tierra y las plantas con
pesticidas para que no aparezcan "bichitos"

Lo que empieza siendo un intento de acercarse a la vida natural, acaba siendo un exterminio de todo ser vivo que tiene la mala fortuna de acercarse al huerto.
Sinceramente,
para eso es mejor comprar los tomates en el mercado y de paso ayudar a comerciantes y
agricultores y si es posible a la agricultura ecológica.
No,
yo os aconsejo crear un pequeño ecosistema donde en muy poco tiempo se
establecerá un equilibrio natural que nos recompensará a todos con creces.
Y
en la búsqueda de ese equilibrio los insectos son imprescindibles. Pensemos que
su labor es tan importante como tener un buen sistema de riego, un buen drenaje
o una tierra fértil.

Para ello la información es fundamental, porque a nadie se le ocurría quemar un billete de 50 euros o cortarle las manos al cirujano que le está salvando la vida a un paciente y sin embargo hay gente que ve una abeja y va corriendo a por la zapatilla para matarla.
Pues para nuestro huerto una abeja tiene un valor incalculable. Y lo mismo ocurre con los demás habitantes del huerto, incluso con los visitantes y turistas de temporada que aparentemente ocasionan daños en las plantas.
Un
ejemplo; los pulgones atraen a insectos coleópteros, como la mariquita que en
estado adulto llega a comerse más de 1000 pulgones durante el verano. La
mariquita pondrá sus huevos en alguna planta cercana al huerto y todos los años
tendremos unas cuantas pululando siempre por la zona y nunca volveremos a tener
grandes problemas con los pulgones. Los pájaros insectívoros también ayudarán a
las mariquitas en su incesante labor.

Nunca debe cundir el pánico y la observación nos debe llevarnos a la reflexión y a tomar las decisiones correctas.

Nunca debe cundir el pánico y la observación nos debe llevarnos a la reflexión y a tomar las decisiones correctas.


Una mata de repollo que no arrancaremos después de cortar su hermoso fruto, servirá de cuna para la puesta de huevos de la mariposa de la col. De ellos, muy pocos llegarán a ser adultos, pero seguro que alguno volverá revoloteando a nuestro huerto a lo largo del verano, tras la metamorfosis.


Los
insectos parece que lo saben y dejan a las nuevas plantas en paz, concentrándose
en estas viejas glorias que crecen prácticamente de forma natural. Os aseguro
que es toda una experiencia ver como crecen sin parar durante años, cambiando de
formas sin parar.


La vida en la superficie produce enormes
beneficios en el subsuelo, como la fijación del nitrógeno o el desarrollo
continuado de anélidos oligoquetos, como las lombrices de tierra que después se
dispersan por todo el huerto.
Al igual que las abejas y los abejorros, las
lombrices de tierra deberían se declaradas patrimonio de la humanidad y matar
una lombriz tendría que estar considerado una falta muy grave.
Las lombrices excavan galerías mientras se alimentan de partículas y restos orgánicos removiendo y aireando el terreno, haciendo ascender fósforo y potasio del subsuelo.
Los caracoles ponen sus huevos, en esos jardines del Edén sin peligro de ser desenterrados al cavar la tierra.
Las lombrices excavan galerías mientras se alimentan de partículas y restos orgánicos removiendo y aireando el terreno, haciendo ascender fósforo y potasio del subsuelo.
Los caracoles ponen sus huevos, en esos jardines del Edén sin peligro de ser desenterrados al cavar la tierra.
Creo que ya os hablé de los beneficios que produce una población controlada de caracoles. Aportan sales minerales al dejar su rastro de baba y sus desechos son un excelente abono natural.
A cambio nosotros dejamos que se coman unas cuantas hojas por aquí y por allá. Mirlos, Rabilargos, Urracas, Comadrejas, Erizos y Topillos, se encargarán de mantener a ralla su población.

Y si os gustan mucho, siempre podéis hacer una recolecta y añadírselos a la auténtica paella Valencia. Yo aún no he podido porque al final me dan pena y me encanta encontrarme viejos ejemplares como este, con su concha curtida en mil batallas.
Fotos "Cholo Moratalla"
Te echaba de menos.
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